El otoño es una buena época para la introspección, replanteamiento y reflexión y eso incluye también el ámbito emocional y sentimental.
Muchas veces seguimos culpando a otro/s o a algo externo de nuestras desgracias e infelicidad y ha llegado el momento de responsabilizarnos de nuestra vida. Y el otoño es el momento perfecto porque la energía nos acompaña en ese sentido.
A menudo pensamos que no nos valoran, que tenemos mala suerte en el amor, con los amigos o los compañeros de trabajo. Eso nos hace sentir muy mal, porque nos sentimos injustamente tratados, incomprendidos, solos y muchas emociones y sensaciones más, todas negativas.

Os invito a que le déis la vuelta a esos sentimientos, vamos a mirar hacia dentro y vamos a hacernos una serie de preguntas:

  • ¿Me quiero y me acepto tal y como soy?
  • ¿Soy capaz de reconocer mis virtudes, mis potencialidades?
  • ¿Me cuido y mimo, tanto mi cuerpo, con buenos alimentos, descanso suficiente, ejercicio, masajes, etc.?
  • ¿Me hago regalos, me premio cuando he hecho algo bien, cuando me he esforzado mucho, cuando he reaccionado bien ante una situación difícil?
  • ¿Pienso que me merezco lo mejor, que soy digna de amor, de respeto?

No son preguntas nada fáciles si las reflexionamos seriamente.

A lo largo de todos estos años de experiencia en las terapias me he dado cuenta de que nunca nos queremos lo suficiente, siempre llevamos encima todo tipo de carencias emocionales y afectivas (algunas justificadas, otras asumidas en un momento difícil y que los demás no cumplieron las expectativas deseadas) y vamos arrastrando en todas nuestras relaciones estos bloqueos emocionales. Y así llevamos nuestras relaciones, escogemos personas que no nos respetan porque no nos respetamos, que no nos aceptan, porque no nos aceptamos, que no nos quieren, porque no nos queremos. En nuestro fuero interno (muchas veces inconscientemente) pensamos que no nos merecemos nada mejor y así nos va, desilusión tras desilusión.

Os propongo un sencillo ejercicio: cada mañana al levantaros, poneros frente al espejo, miraros a los ojos y repetid un mínimo de tres veces sin dejar de miraros a los ojos:

“Me amo y me acepto, el Universo me ama y me acepta, me merezco lo mejor”.

Al principio no será nada fácil si no os amáis, no podréis decirlo, o miraros a los ojos, o bien os entraran ganas de llorar, o sentiréis un nudo en el estómago, no importa perseverad, sed constante, que sean vuestras primeras palabras del día. Poco a poco notaréis los cambios en vosotros y, por inercia, en los demás hacia vosotros. Y llegará un momento que veréis en vuestros ojos los Ojos de Buda, o de Dios, veréis vuestra propia Divinidad.

Y recordad: somos únicos e irrepetibles: ¡Somos un tesoro!
¡Sed felices!