Formamos parte de un todo: de este planeta, de esta galaxia, de este universo.

Somos interdependientes con todo lo que nos rodea: todo, absolutamente todo nos influye de una forma u otra y, a su vez, nosotros influimos en nuestro entorno, tanto con nuestros actos como con nuestros pensamientos.

Funcionamos normalmente en piloto automático sin poner “atención” ni consciencia en lo que hacemos ni en lo que pensamos para así poder llevar el ritmo frenético del día a día, que nos exige la mayoría de las veces un esfuerzo tanto físico como mental y emocional.

Para sobrellevar y “sobrevivir” (o eso creemos) nos hemos desconectado de nuestro cuerpo (de sus sensaciones, de sus necesidades): ya no prestamos atención al cansancio, a las tensiones, a los dolores, también estamos desconectados la mayor parte del día de nuestras emociones (nos cuesta reconocer cómo estamos y lo que sentimos): no tenemos “tiempo” de estar tristes, desilusionados, a veces ni siquiera nos permitimos soñar, ilusionarnos, etc., por si acaso nos frustramos, es decir no queremos sentir por no sufrir, y ya no reconocemos nuestro estado mental y emocional que, desgraciadamente funciona por su cuenta y de vez en cuando nos sorprende un estallido emocional que nos cuesta controlar o que no sabemos manejar.

Y, por supuesto, nos hemos desconectado de nuestro entorno (desde el espacio en el que vivimos, y trabajamos, como de la propia naturaleza, del propio planeta): ya no nos fijamos en los pequeños detalles que nos rodean: el sol, la brisa, el canto de los pájaros, el susurro de los árboles, incluyendo los cambios atmosféricos que, aunque no les hagamos caso nos afectan igualmente.

Tenemos que volver a aprender a “sentir”, a “escucharnos”, a percibir, porque somos antenas muy sensibles y lo queramos o no sí que nos influye todo lo que está en nuestro entorno.

Porque si soy consciente, si vivo sintiendo, viendo y escuchando puedo discernir lo que me hace bien, lo que me favorece, lo que propicia mi armonía y crecimiento, y, a la vez puedo saber lo que me está agrediendo de una forma u otra, lo que me daña o me bloquea, es decir lo que impide que fluya en equilibrio y armonía.

En el viaje que haremos a Navarra primero vamos a soltar todo lo que ya no queremos o ya no nos sirve: esas emociones y pensamientos que se repiten una y otra , ya sin ni siquiera darnos cuenta y que nos mantienen en una vibración baja, nos bloquean y nos alejan de nuestro Centro. Reconoceremos esas tensiones y contracturas de nuestro cuerpo que sólo nos está “hablando”, nos está llamando la atención sobre algo que no queremos ver o reconocer.

Recordaremos como conectar con nuestra Esencia Primaria, la que está en continua conexión con todo lo que nos rodea, la que siente, la que sabe lo que es bueno para mí y lo que no, la que me indica mi Camino para alcanzar mi plenitud.

Porque sólo así conseguimos la Integración con el Todo, con la Fuente, con Nosotros, porque sólo así podemos conectar con nuestra Divinidad, porque solo así podemos ser Parte del Todo de nuevo y nunca más volver a sentirnos solos, abandonados o desmerecedores.

Para ayudarnos con este reencuentro íntimo hemos elegido los bosques de la Navarra pirenaica porque esos árboles, esa tierra con su fuerza y poderío van a actuar como catalizadores de nuestra transmutación y serán testigos de nuestro despertar al ayudarnos a recordar como conectar con las energías más primarias de nuestro planeta y, por consiguiente de nosotros mismos.

Cada jueves, hasta finales de junio iremos presentándoos un nuevo artículo en el que explicaremos algunos de los temas que despertaremos en este viaje.

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