Estamos en un planeta de agua y somos seres de agua.

El agua es imprescindible para la vida y sin embargo no le damos la debida importancia. Es un elemento muy especial, recoge información y la puede transmitir después, tanto directamente (ingiriendo ese agua) o indirectamente, haciendo “resonar” por sincronicidad nuestras aguas internas.

Es importante la calidad del agua que bebemos, porque va a hacer vibrar por sincronicidad el agua de nuestras células,. Si tiene un vibración alta, nosotros vibraremos también mejor. Consiguiendo así más salud y más fortaleza frente a las agresiones externas.

Por otra parte es importante como vibra nuestro entorno porque, por “simpatía”, como somos seres muy sensibles y sensitivos, vamos a sintonizar con esa vibración y nos vamos acoplar a ella.

Si es favorable eso nos ayuda a encontrarnos mejor a todos los niveles pero, si no es favorable para nosotros, nos va a perjudicar de una forma u otra.

Todo lo que nos llega en nuestro día a día: ruidos, palabras, imágenes, e incluso pensamientos, van a influir de una forma u otra a nuestro sistema. De ahí la importancia de tener cuidado con lo que oigo y veo: música, noticias, series, televisión, charlatanería, etc. como con lo que me rodea, porque estoy continuamente “empapándome” de lo que emiten y sin querer “contaminándome”.

Incluso no siendo nada desfavorable, la cantidad y el incesante bombardeo de información que recibimos constantemente puede llegar a colapsar nuestro sistema, ya que no puede llegar a gestionar tantos estímulos continuamente.

De aquí la importancia que tiene el dejarnos momentos de silencio, de meditación, para que “nuestras aguas” vuelvan a asentarse. Para que puedan asimilar y, al mismo tiempo, que podamos volver a conectar con lo que somos, sin tantas interferencias.

El agua de por sí es vida, fertiliza, nos hace sentir bien. Todas las grandes ciudades se han construido cerca de ríos, lagos o mar. Necesitamos el agua para sentirnos mejor. Cerca de una cascada nos revitalizamos, porque el agua tiene que tener movimiento para que esté totalmente “viva”, es decir, potente y activa.

Aunque el agua del lugar siempre ha tenido una gran importancia, sabemos que algunas aguas son “veneradas” por sus cualidades excepcionales de sanación y otras por su sacralidad. No importa que sea un río, una fuente o un manantial, el ser humano las ha diferenciado y ha creado lugares de peregrinación, balnearios, etc. para poder beneficiarse de la cualidad de esas aguas, tanto a nivel externo, como interno.

Aunque toda las aguas son “sagradas”, en el viaje a Navarra vamos a entrar en contacto, primero, con la esencia del agua en sí y de nuestras aguas en particular, para poder discriminar si están armonía o en desequilibrio. Para eso nos apoyaremos tanto en manantiales, fuentes, ríos, como en el mar. “Escucharemos” su lenguaje, su música e intentaremos traducir lo que nos quieren comunicar.

Así es como realmente podremos utilizar esa vibración para nuestra armonía y equilibrio.

¡Vamos a dejarnos arrullar por el sonido del agua, para que nos transporte a lo más profundo de nuestro Ser!