Ahora estamos de pleno en un ciclo de máximo Yang.

Durante 12500, debido al movimiento rotatorio de la propia Tierra, el eje ha ido desplazándose en una elíptica, y en estos momentos apunta a la estrella Polar (Yang), y, dentro de unos años, poco a poco el movimiento irá, en su desplazamiento, dirigiéndose durante otros 12500 años hacia la Estrella vega (Yin).
Eso forma un ciclo completo de aproximadamente 25000 años en los que entramos en:

  • Un período de máximo Yang.
  • Período de transición del Yang hacia el Yin.
  • Período de máximo Yin.
  • Otro período de transición del Yin hacia el Yang.
  • Y de nuevo se vuelve al máximo Yang.

Lo interesante es saber en que período nos encontramos y conocer qué es lo que aporta.

El Feng-Shui siempre nos habla de movimiento, todo está continuamente en movimiento, todo cambia.

¿Y qué tendencia trae esta época de máximo Yang?: La historia nos muestra los hechos más significativos: época muy brutal, sangrienta, en la que poco a poco ha ido tomando fuerza todo lo material, la industrialización, la tecnología y se ha dejado de lado la parte más humana, más intuitiva, más solidaria.
Se ha propiciado lo externo en detrimento de lo interno, lo racional a lo intuitivo, el “yo primero” antes que el “nosotros”.

Ahora bien, según una de las leyes del Yin y el Yang tenemos que:
“Cuándo el Yang adquiere su máximo valor aparece el Yin, y viceversa, cuándo el Yin alcanza su máximo valor, aparece el Yang.”

Es decir, en una época de máximo Yang ha de aparecer el Yin.
En estos momentos de mucha velocidad, en el que todo va muy deprisa, en que el tiempo se escurre como arena entre los dedos, en el que la sociedad no para de cambiar, cada día una nueva tecnología, mucha información, etc…, etc. ¿cómo y dónde aparece ese Yin? En nosotros, porque somos los más adaptables.

Por eso esa necesidad últimamente de meditar, relajación, hacer yoga, chi-kung o cualquier otra actividad que me conecte con mi interior, con mi Ser, que me haga “parar”.
No puedo desacelerar los acontecimientos, pero sí puedo desacelerarme a mí, aunque sea a ratitos.
No es de extrañar que sea en estos momentos de “locura de la prisa” que surjan movimientos slow (lento).

Ahí aparece el Yin, frente a un Yang externo “desbordado”, no tengo más opción que dejar fluir mi Yin interno.

Y da igual la actividad a la que me dedique: sea un alto directivo con mucho estrés, o un jubilado con más tiempo, tengo necesidad de hacer algo “por mí”, de escucharme, de sentir mi vida.

Poco a poco, cada vez somos más los que queremos funcionar con otros valores, ya no es tan importante lo que poseemos, sino lo que disfrutamos.
Sin poder evitarlo ya no nos centramos tanto en nosotros mismos, miramos a nuestro alrededor y nos sentimos conectados, unidos a nuestra comunidad, a la gente, a nuestro planeta.
Todos vamos teniendo esa tendencia hacia lo más “natural”, a vivir y no a sobrevivir. Queremos sentirnos bien, hacer cosas que nos “llenen”. Nos atrevemos a hacerle caso a nuestra intuición.

Así que queridos: vuestra parte Yin os está llamando, prestadle atención.
¡Y disfrutadlo!