El Feng-Shui Clásico, como muchas otras grandes culturas antiguas, le da una gran importancia a la tumba y su ubicación, dirección, etc.

De hecho las primeras actuaciones de Feng-Shui externo fueron para ubicar adecuadamente la tumba del Emperador. Se partía de la premisa que si la tumba del máximo dirigente de la nación, el Emperador, al que consideraban un hombre sabio, intermediaro entre el Cielo y la Tierra, estaba colocada en un lugar favorable, altamente energético, con la dirección, formas, etc. adecuadas, eso repercutiría positivamente en el pueblo, aportándoles prosperidad y salud.

Nosotros no podemos elegir donde enterrar a los nuestros, ni a nosotros mismos, como mucho elegimos el sitio del nicho y su altura. Y sin embargo la vibración de nuestros antepasados directos (padres, abuelos, tatarabuelos,…) sigue influyendo energeticamente en nosotros. Una forma de mejorar esa influencia es lo que hacemos en muchisimas culturas: honrarlos, limpiar sus tumbas o nichos, llevarles flores.

Pero hay una mucho más potente: el recuerdo. Cada vez que nos acordemos de ellos (y en especial estos días) hagamóslo desde un enfoque diferente: recordemos las cosas divertidas que hacían, sus pequeñas “locuras” de un día, sus sueños e ilusiones, algo compartido, su amor hacia nosotros, como nos cuidaron ese día, como nos consolaron. Es decir, recordemos su grandeza.
Por ejemplo: a mí, el otoño, me recuerda siempre los paseos por los bosques de castaños con mi padre, el color de los árboles, el crepitar de las hojas bajo mis pies, como nos enseñaba a “pisar” la envoltura externa de las castañas, para que se abriera y no pincharnos al cogerlas, el olor a musgo.
Y mira por dónde: me encantan los bosques, me encanta el otoño….. Y me encanta mi recuerdo y lo que mueve en mí.

Y esos pensamientos son los que nos va a conectar con ellos, pero desde una alta vibración, que es la que queremos traer a nuestras vidas. Así “recordamos” quiénes somos, así recordamos lo que somos, de donde venimos, y nos quedamos con su expresión más elevada, “sintonizamos” con nuestros antepasados pero con lo mejor de ellos.