Todos y todas nos sentimos atraídos de una forma u otra por la luna y las estrellas.

Desde pequeños mirar al cielo es un acto hipnótico que nos transporta a otras dimensiones, nos hace trascender.

Su lejanía nos aporta un halo de misterio inalcanzable que nos atrapa.

Y, pese a su lejanía tienen gran importancia e influencia sobre nuestro planeta y sobre nosotros.

La influencia de la luna sobre las aguas no nos deja indiferentes a nosotros que somos Seres con un gran porcentaje de agua. Nuestras emociones se van moviendo al ritmo que se mueven nuestras aguas internas. Y estas, si no somos conscientes se ven muy “arrastradas” por la fase de la luna en la que nos encontremos.

Es importante conocer la fase de la luna y aprovechar su energía para potenciar, iniciar, cerrar o parar. Así el impulso inicial de la acción que queramos realizar se verá reforzado y, para nosotros, todo se vuelve más fácil porque fluimos mejor con la energía que nos llega de nuestro satélite.

Nuestro Sol es una pequeña estrella que sin embargo es importantísimo para nosotros. Sin él no podríamos existir. Si tenemos muchos días nublados nos falta algo, nos sentimos más apagados, más ¡plof! Y cuando sale de nuevo nos llenamos de energía, volvemos a funcionar con energía. Simplemente decimos ¡Nos da vida!

Pero no es la única estrella que nos influye.

Uno de los ciclos de los que habla el Feng Shui se refiere al desplazamiento en elíptica del su eje que realiza la Tierra en su rotación.

Y cada 12500 aproximadamente, este eje, se dirige hacia la Estrella Polar y en los 12500 años siguientes el eje se encuentra hacia la Estrella Vega.

Esto va a determinar la vibración más predominante que nos va a llegar: cuando estamos hacia la Estrella Polar vivimos un ciclo Yang, más rápido a medida que nos acercamos a mitad de camino (como está pasando ahora en que todo va deprisa, deprisa y así y todo siempre nos falta tiempo).

Es un ciclo de más manifestación externa, más tecnología, incluso más agresividad.

Sin embargo cuando el eje mira a la Estrella Vega el ciclo Yin impulsa a ir más despacio, que prevalezca más lo interno.

Y por esa regla de tres, y por la Ley del Yin y del Yang que dice que: cuando esta el máximo Yang aparece el Yin y viceversa, en estos momentos de tanto Yang necesitamos, cada vez más, ese Yin. ¿Cómo? Más necesidad de meditar, de hacer prácticas de yoga, de Chi-kung, etc. Necesitamos expresarnos, escucharnos. Lo malo de esta dualidad es que, como el Yang nos arrastra, no sabemos como hacerlo. Muchas veces nos cuesta escucharnos, reconocernos, nos cuesta estar con nosotros mismos.

Por eso tenemos las estrellas para ayudarnos. Al tumbarnos en plena oscuridad, recordamos el útero, el Yin, la Fuente de donde partimos. Y al contemplar las Estrellas nos recuerda esa Luz interna que todos tenemos y que puede despertar solo poniendo consciencia e intención adecuada.

En nuestro viaje a Navarra, al conectar con las Estrellas, vamos a conectar con su Luz y esencia y les vamos a pedir que nos inunden de su enorme potencial sanador y transmutador, para que nuestra Luz pueda brillar tanto como ellas.

Conectar con las Estrellas abre un mundo de posibilidades que muchas veces desconocemos. Mirando la Luz de las Estrellas vamos a activar nuestra Luz interna, nuestro Fuego, el que nos puede llevar a la Iluminación.