Dentro de las terapias naturales o complementarias están las llamadas “vibracionales” y, como su nombre indica, trabajan con la vibración en nuestro sistema para recuperar y elevar la vibración y armonizar y equilibrar de nuevo el órgano, área o zona que, por la razón que sea, aparece con una vibración más baja a la natural en ella. Con ello devuelve el bienestar en esa zona, órganos y por ende, a nosotros, incluso antes de que se produzca el malestar a nivel físico.

Entre las terapias vibracionales podemos hablar de las Flores de Bach, la Cromoterapia, la Aromaterapia, la Gemoterapia, la Musicoterapia, la Radiónica, entre otras, y, como también todas las técnicas de imposición de manos como diksha, reconexión, sanergia y, por supuesto, el Reiki.

En todas las grandes culturas encontramos referencia a las tres partes que forman el Ser Humano en sus diferentes expresiones vibracionales: la física, la mental/emocional y la energética/espiritual. Estas forman el sistema completo del Ser Humano. Si una de las partes o parte de ella entra en desarmonía, las otras dos partes también se desajustan de una forma u otra.

La mayoría de los problemas físicos (exceptuando las enfermedades congénitas/ hereditarias y las provocadas por traumatismos directos) tienen su inicio en una emoción o sentimiento, un “shock” que nos toca profundamente y, así, afecta a nuestro sistema de forma contundente, bajando su vibración. Si somos capaces de “recuperarnos” rápidamente el cuerpo no sufrirá más consecuencias, se reequilibra solo, pero si persiste en el tiempo y/o además, se van sumando más y más circunstancias que nos hacen estar mal, finalmente suele aparecer un “aviso” en nuestro cuerpo, en forma de dolor, sensación de malestar, molestia o desequilibrio, que puede acabar desembocando en enfermedad.

Hay mucha información bibliográfica para localizar el tipo de problema a nivel emocional, mental o energético basándonos en la información que nos da el cuerpo, según donde se presente el problema.“Sana tu cuerpo” de la famosa Louise L. Hay, o el bien conocido: “La enfermedad como camino” de Rüdiger Dahlke son solo dos ejemplos.

Para explicar como funcionan las terapias vibracionales de una forma muy sencilla me gusta poner el ejemplo de una gran orquesta sinfónica, el director es una pieza clave en ella, porque sabe distinguir qué instrumento desafina, por ejemplo un violín. Pero va más allá, sabe qué violín de todos los de la orquesta es el que está desafinando, así le vuelve a dar la nota para que, de nuevo, recupere el tono y la armonía con el resto de la orquesta, consiguiendo la melodía perfecta.
En este caso la orquesta somos nosotros, tanto a nivel físico, mental/ emocional como energético, el director es el terapeuta (o nosotros mismos conscientes de nuestro sistema), el instrumento es el órgano o zona en desequilibrio. Así, la terapia vibracional nos devuelve a nuestra “melodía/vibración/frecuencia” original, activando con ello la respuesta innata de autosanación y devolviendo el perfecto equilibrio a todo nuestro sistema.

Una de las terapias vibracionales más potentes y más sencilla es el Reiki y en ella nos centraremos en esta entrada de blog.

Reiki es una imposición de manos que utiliza la Energía Universal, Ki, Prana, Energía Divina, según la zona se la denomina de diferente manera. Y la persona que utiliza la energía de Reiki sólo es un canal que conecta con esa vibración y la transmite con solo poner la intención en ello.
Cualquier persona puede ser un canal de Reiki porque todos nacemos con ese potencial. Sólo necesitamos la iniciación de un Maestro/a de Reiki que va a “recordar” a nuestro sistema a volverla a utilizar, es decir, nos va a preparar el sistema energético para que podamos sintonizar con esta Energía de Reiki.

Y una vez preparados podemos emitir esa vibración tanto a los demás (que nos pida ayuda), a los animales, a las plantas, pero también, y muy importante, vamos a poder utilizar el Reiki con nosotros mismos.

Al recibir Energía de Reiki, se amplifica y eleva nuestro nivel vibratorio y se empiezan a acoplar todos los sistemas: tanto del físico, como del mental/emocional y del energético a las frecuencias naturales de armonía y bienestar. No solo entramos en una agradable relajación, sino que ésta propicia que el cuerpo se ponga inmediatamente en auto-sanación. No importa el problema con el que hemos acudido, la energía de Reiki no solo nos lo aliviará, sino que va a la raíz del mismo para que seamos consciente de lo que nos pasa y lo podamos solucionar.

No es la persona que nos ha transmitido el Reiki la que nos sana, somos nosotros los que, a través de la energía de Reiki conectamos y recordamos nuestro inmenso poder de auto-sanación y todo nuestro sistema se pone en marcha para volver al equilibrio completo. A veces de forma tan simple como darnos cuenta de que ese alimento que comemos es el que nos produce los dolores de cabeza, o, a otro nivel, que nuestro trabajo o nuestra relación es el que nos está enfermando porque no estamos a gusto con él.

Podría poner muchos ejemplo de la actuación del Reiki, tanto en casos físicos como emocionales, mentales y energéticos, pero solo os diré que cada vez más hospitales, incluso ya en España, están aplicando la terapia con Reiki con voluntarios, porque se ha constatado una más pronta recuperación de los enfermos y muchos menos efectos secundarios a la hospitalización y los tratamientos, además de la relajación y bienestar que experimenta el que recibe Reiki.

En el Reiki hay varios niveles, simplemente para que nuestro cuerpo físico vaya acoplandose/acostumbrandose y asimilando la elevación vibracional, por eso se necesita 21 días de “purificación” en el que podemos experimentar diversas sensaciones físicas (todas leves), más necesidad de dormir, de comer alimentos más sanos, sueños reveladores o solo para soltar bloqueos emocionales que llevamos y no somos capaces de hacerlo a nivel consciente, etc.

En el primer nivel de Reiki abre nuestro canal energético y los chakras a la energía de Reiki y se acopla en ellos y en la Glándula Pineal algunos símbolos de Reiki. Así podemos trabajar a nivel sobre todo físico.

El segundo nivel de Reiki nos posibilita el poder trabajar a nivel emocional/mental, dato importantísimo ya que, como hemos dicho anteriormente, el desequilibrio comienza siempre a través de una emoción, sensación o pensamiento, por lo que, si no actuamos a ese nivel solo es un “remiendo” pero no vamos a la raíz del problema. Además, en este nivel se transmiten 3 símbolos para que el practicante de Reiki pueda canalizar con más fuerza. Entre ellos se encuentra el símbolo que permite trabajar a distancia, porque la energía no tiene espacio ni tiempo y con el Reiki podemos enviar energía a una persona, animal o lugar aunque esté a mucha distancia de nosotros.
También se aprende a trabajar con objetivos y metas a través del Reiki.
Aconsejo a todo el mundo iniciarse en estos dos niveles, para tener una herramienta poderosa y fácil de utilizar en el día a día, para él mismo, para sus allegados o para complementar sus terapias.

El tercer nivel de Reiki, que en algunas escuelas se llama también Maestría de Usui, nos aporta más símbolos y una comprensión más nítida de como trabajar con la energía, nuestro cuerpo y nuestra mente ya están preparados para trabajar a niveles más profundos. A este nivel se llega porque la persona tiene la necesidad de avanzar más, a nivel personal, porque el Reiki se convierte en una técnica personal de superación y evolución. También se enseñan técnicas personales para poder aumentar nuestra energía, nuestra vibración y mantenerla. Pasamos a trabajar con la parrilla de Reiki para trabajar tanto en terapia, como a nivel personal con varias personas y objetivos a la vez.
Se activa el 6º chakra, amplificándose la percepción y la sensiblidad hacia energías cada vez más sutiles, y el practicante se siente más conectado a la Energía Universal, a su entorno.

En el cuarto nivel o Maestria Usui-Tibetana se transmite uno de los símbolos más potentes del Reiki, y se enseña a iniciar a otras personas. Utilizando las técnicas energéticas que se han aprendido y practicado en el tercer nivel. Este nivel nos permite experimentar la fuerza de la Energía de Reiki en nosotros y como nos ayuda a evlucionar y a ser más conscientes.

Transmitir y/o recibir Energía de Reiki es una maravillosa experiencia que no se olvida, tanto por el bienestar que nos proporciona como por los efectos que produce en nosotros. Os invito a probarlo alguna vez.

Y si aún no estáis iniciados en Reiki os aconsejo que os lo regaléis, tanto a nivel personal, como para aportar un complemento valiosísimo en vuestras terapias, porque el Reiki acompañara tus masajes terapeuticos o cualquier otra técnica que estéis utilizando.

Experimentar la energía de Reiki os cambiará la vida y os dará una herramienta, una técnica imprescindible hoy en día, tanto para trabajar con la energía como para ayudarnos en nuestro Camino en la vida. ¡El mejor regalo que podéis haceros o hacer a alguien querido!