Desde la antigüedad se han considerado a los árboles como seres vivos muy especiales. Se sabe que un lugar con árboles da una mejor calidad de vida, las zonas de las ciudades que tienen jardines con ellos están más valoradas.

Los últimos tiempos de vorágine depredadora/constructora se ha mantenido los árboles en el olvido, eran más molestos que otra cosa, hasta que la contaminación y las largas colas de coches los fines de semana para pasar unas horas en el “campo” han señalado que los necesitamos.

Porque las personas nos sentimos bien cerca de los árboles, es algo primario, muchas veces inconsciente. Y no solo cuando nos cobija su sombra en un día caluroso, buscamos su “refugio”, su abrazo.

Recuerdo un episodio de la ya mítica serie “Doctor en Alaska” que iba sobre un árbol milenario que ya estaba enfermo. Una de las protagonistas, Ruth, le dice a Joel (el doctor) que a los árboles les encantan que los niños se suban a ellos porque les hacen cosquillas. Me pareció algo tan hermoso, y cuando veo un árbol “encerrado” no puedo evitar saltar la valla e ir a darle una caricia, un abrazo. ¿Quién no ha querido alguna vez trepar y subirse a un árbol? Porque te fundes con su energía, te hace sentir mejor y poderoso.

Los árboles no solo limpian el aire sino que propician la vida porque son el hábitat para numerosos animales: aves, roedores, insectos, etc. Que, a su vez, mantienen el ecosistema vivo y en equilibrio.

Pero los árboles son mucho más que eso, cada vez, más investigaciones van descubriendo y confirmando que son seres vivos que se comunican entre ellos a través de una redes subterráneas muy complejas. Como vemos, una vez más la ciencia va “demostrando” lo que los antiguos sabios ya decían.

En nuestra cultura occidental los druidas que eran los que tenían gran conocimiento de las energías y su fluir daban especial atención a los árboles y la conexión con ellos para propiciar todo tipo de influencia tanto en un lugar como en las personas.

Elegían árboles determinados para reunirse porque algunos propiciaban la sabiduría y, por lo tanto tomar mejores decisiones para la comunidad, otros la fuerza y convicción a la hora de tomar determinadas posturas, otros, para meditar, para sanar, etc. Los consideraban seres especiales y sagrados.

En este viaje a Navarra en Agosto vamos a volver a esas enseñanzas druídicas para conectar con las energías, la fuerza y el poder de los árboles. En unos bosques especialmente “vivos”.

Vamos a aprender a “entrar” en un bosque, pidiendo permiso a sus guardianes para que nos den la bienvenida y nos acojan. Conectaremos con las energías de esos árboles y sus “habitantes”, los Elementales que viven en ellos y cuidan del lugar. Les pediremos ayuda para sanar, aprender, coger fuerza, etc. según la necesidad de cada uno/a.

Pediremos permiso para fotografiarlos y, si aceptan, poder llevarnos esa energía con nosotros para volver a conectar con ellos cada vez que la necesite en mi vida. Teniendo así un anclaje que me permita volver a conectar con una energía y vibración más elevada siempre que lo necesite.

Buscaremos nuestro “palo de poder” para poder trabajar con él y utilizarlo para recoger energía y subir el nivel vibracional de un espacio o una persona.

Porque volver a sentir los árboles es volver a asentar mis raíces como Ser en este mi planeta. Es volver a sentirme parte de un todo, es volver a conectar con las energías más primarias y potentes de la Tierra.

Últimamente los japoneses y otras culturas actuales están poniendo su atención en los árboles y los bosques, poniendo su atención en como funciona como terapia y sanación para todo tipo de desequilibrio. Llaman a esta terapia: Shinrin-Yoku (baño de bosque). En una sociedad como la japonesa donde se “muere por exceso de trabajo”, es decir estrés, donde el hacinamiento en las ciudades es inevitable y donde el tiempo/área/ personal está bajo mínimos, no es de extrañar que han vuelto su mirada y atención a la ancestral técnica de “sal al campo, sal al monte para despejarte”. Por decirlo de una forma coloquial, que es lo que venimos haciendo desde siempre.

Remarcar que en todas las grandes culturas, filosofías y religiones hay un árbol  asociado (Árbol de la Vida), de él nacen el conocimiento o la evolución.

Por ejemplo:

  • La religión cristiana: Eva coge la manzana del árbol del conocimiento. Este hecho hace que sean “conscientes del bien y del mal. Además, el olivo está asociado con Jesús.
  • La religión budista, Buda alcanzó la iluminación bajo el árbol bodhi.
  • Egipto, los dioses Isis y Osiris surgieron de la acacia Saosis.
  • El taoismo, el melocotonero es el árbol de la inmortalidad.
  • La religión escandinava, el Yggdrasil (tejo o fresno) es el árbol mitológico.
  • El hinduismo, el Akshaya Vata (el ärbol Eterno) que sobrevive a la destrucción cíclica de la creación y resguarda a Krishna.
  • El judaísmo, también se habla en la Cabala del Árbol de la Vida.
  • Incluso los indios norteamericano iroqueses hacen referencia a un árbol de la vida.

Y estos son solo unos ejemplos pero podemos encontrarlos en todas las mitologías del planeta. Aquí es donde debemos entender la importancia de los árboles (en muchos aspectos) para nosotros como seres humanos, y para el planeta.

Por ello, estos días en Navarra nos dejaremos envolver, abrazar por sus energías e iremos descubriendo como nos afecta cada una de ellas y como podemos utilizarlas para estar en equilibrio, armonía, salud y sabiduría.