No todo lo que vemos es lo que es, ni todo lo que es es lo que vemos.

Hay Seres que pueblan los diferentes lugares y que no llegamos a percibir, o no siempre. Coexisten con nosotros, o nosotros con ellos, depende del punto de vista.

Todos los lugares están “ocupados” por Elementales y Guardianes que habitan y cuidan ese lugar, sobre todo los lugares de mucha energía y poder. En todas las culturas se habla de ellos en sus leyendas y cuentos. Se les denomina con diferentes nombres: gnomos, duendes, hadas, etc. según su vibración. Muchos de ellos son traviesos y les gusta “jugar” con nosotros: enredando ramas en nuestros cabellos, haciendo que tropecemos ligeramente, que nos caiga una ramita o una hoja encima, etc. siempre con buen humor.

Por eso es tan importante cuando vamos a entrar en un bosque o en un lugar determinado pedir permiso antes y hacerlo con el máximo respeto. De esa forma nos acogerán, sobre todo si vamos con buenas intenciones: es decir respetando, no destruyendo, ni chillando.

Al pedir permiso, y mostrarnos respetuosos, las energías del lugar nos van a cuidar. Es decir, si vamos cargados, cansados, tensos, con ansiedad y, sobre todo si lo pedimos, van a ayudarnos a soltar, a descargar y a regenerar nuestra energía.

Es por eso que, cuando estamos en silencio y calma, en estos lugares poco a poco empezamos a sentirnos mejor y nos va invadiendo una paz y serenidad interna que no traíamos.

Muchos árboles son la morada de Elementales y Guardianes que son los responsables de mantener a salvo la energía del lugar, de cuidarla de una forma energética. Cada actuación en un lugar determinado tiene unas repercusiones en el entorno.

En nuestra sociedad el Ser Humano no es nada respetuoso con este hecho, nos creemos el centro del universo, que todo nos pertenece. Y si queremos destruir una montaña para, por ejemplo, hacer una cantera, no nos planteamos nada más que los permisos administrativos. Si tenemos un campo, con tal de facilitar el paso del tractor o la mejor colocación de los invernaderos no dudamos en contratar una máquina y aplanar todo el terreno, arrastrando y arrasando la tierra sin importar si estamos dañando el hábitat de otros animales, y mucho menos de Seres de otra frecuencia. Igual a la hora de construir un edificio, empezamos a agujerear la tierra sin ni siquiera pedirle permiso.

Esta ignorancia y prepotencia muchas veces suele conllevar consecuencias poco favorables (enfermedades, problemas económicos, obstáculos, accidentes, etc.) que habitualmente no se relacionan con la mala actuación llevada a cabo en el lugar.

Aprender, primero a “estar” en los diferentes lugares con el máximo respeto y segundo a conectar con estos Seres, nos ayuda a integrarnos, a formar parte de nuevo del Todo, a vivir sin dañar sino al revés mejorando lo que podamos (limpiando, embelleciendo, etc.) Nos permite tomar consciencia de nuestra interdependencia con el entorno y a relacionarnos con nosotros mismos de una forma mucho más profunda e integradora.

En nuestro viaje a Navarra, en estos parajes tan singulares y potentes vamos a volver a “sentir” la Vida en todas sus expresiones, para volver a conectar con su energía en nosotros mismos.